Revisión educativa basada en la evidencia disponible hasta 2026
Las lesiones de los isquiotibiales son habituales en personas que practican deporte, sobre todo en actividades que exigen correr a alta velocidad. No todas se comportan igual: una distensión leve puede resolverse en pocas semanas, mientras que un desgarro de mayor extensión puede dejar dolor, limitar el rendimiento y retrasar el regreso a la actividad. También existe riesgo de una nueva lesión después del retorno al deporte.¹
En este contexto han ganado interés algunas terapias biológicas, entre ellas el plasma rico en plaquetas (PRP) y las células estromales mesenquimales (MSC). Su estudio forma parte del desarrollo de la medicina regenerativa, pero conviene separar dos preguntas distintas: si existe una base biológica que justifique investigarlas y si ya se ha demostrado un beneficio clínico en pacientes. En las lesiones de isquiotibiales, esas dos preguntas todavía no tienen la misma respuesta.
¿Qué sabemos, entonces, sobre las MSC en este tipo de lesión?
¿Qué es una Lesión de los Isquiotibiales?
Los isquiotibiales comprenden tres músculos situados en la parte posterior del muslo. Intervienen en la extensión de la cadera y la flexión de la rodilla y trabajan de forma importante al caminar, correr, saltar y, en especial, durante acciones explosivas.
La lesión suele aparecer durante esfuerzos de alta velocidad, aceleraciones o movimientos bruscos. Su gravedad es variable: puede ir desde una afectación limitada de fibras musculares hasta desgarros estructurales de mayor extensión.¹
La historia clínica y el examen físico orientan el diagnóstico. La ecografía y la resonancia magnética no son necesarias en todos los casos, pero pueden ser útiles cuando se necesita precisar la localización o extensión de la lesión y, en determinados escenarios, aportar información pronóstica.²
El manejo se define según la gravedad, la evolución y las necesidades funcionales de cada persona. En términos generales, la rehabilitación progresiva, el fortalecimiento y la recuperación gradual de la carrera y de los gestos propios del deporte siguen siendo los pilares del tratamiento.¹
¿Qué son las células estromales mesenquimales?
En la literatura científica se utiliza con frecuencia el término células estromales mesenquimales (MSC, por mesenchymal stromal cells) para referirse a las células que también suelen denominarse “células madre mesenquimales”.
Estas células pueden obtenerse de distintos tejidos y se investigan por sus propiedades biológicas y su posible aplicación en diferentes áreas de la medicina regenerativa.
Una explicación muy difundida sostiene que, una vez administradas, las MSC se transforman en las células que necesita el tejido lesionado y lo reconstruyen. Esa idea no refleja bien el conocimiento actual y simplifica en exceso un proceso mucho más complejo.
La investigación apunta a que parte de sus efectos potenciales podría depender de la liberación de moléculas bioactivas, la señalización paracrina, la interacción con células del sistema inmunitario y cambios en el microambiente del tejido.³˒⁴
Estos hallazgos ayudan a entender por qué las MSC siguen siendo objeto de investigación. Aun así, observar un mecanismo plausible en el laboratorio no equivale a demostrar que una intervención mejora la recuperación de un paciente.
¿Pueden las MSC acelerar la recuperación de una lesión de isquiotibiales?
¿Pueden las MSC acelerar la recuperación de una lesión de isquiotibiales?
Con la evidencia disponible, no se puede afirmar que las MSC aceleren la recuperación de una lesión de isquiotibiales, disminuyan las recurrencias o produzcan una mejoría funcional clínicamente relevante. Faltan estudios clínicos de buena calidad que respondan de forma directa a estas preguntas.
Una revisión reciente sobre ortobiológicos en lesión muscular describe precisamente esa brecha: existe investigación preclínica y un interés creciente en PRP y MSC, pero la evidencia clínica de alto nivel sigue siendo limitada.⁵
Una revisión publicada en 2023 había llegado a una conclusión parecida. Los trabajos básicos sobre células y PRP han avanzado, pero los estudios realizados en pacientes son mucho menos numerosos y todavía no permiten sacar conclusiones firmes.⁶
La incertidumbre no se limita a las lesiones musculares. Un análisis publicado en 2025 sobre el uso de MSC en traumatología y ortopedia encontró diferencias importantes entre los estudios en cuanto a indicaciones, origen celular y dosis. Además, solo una parte de los ensayos completados había comunicado sus resultados en publicaciones revisadas por pares.⁷
Por eso, los resultados obtenidos en osteoartritis, lesiones tendinosas o ligamentarias y otras enfermedades musculoesqueléticas no pueden trasladarse sin más a una lesión de los isquiotibiales.
¿Qué ocurre con el plasma rico en plaquetas (PRP)?
El PRP cuenta con más investigación clínica en lesión muscular que las MSC, aunque eso no significa que su utilidad esté resuelta en todos los escenarios.
Un metaanálisis reciente evaluó específicamente el PRP en lesiones de isquiotibiales.⁸ Los estudios incluidos, sin embargo, difieren en la forma de preparar el producto, los protocolos de aplicación, las características de las lesiones y los programas de rehabilitación. Esa variabilidad obliga a interpretar los resultados con prudencia.
En la práctica, la decisión de utilizar PRP no debería basarse únicamente en el diagnóstico de “lesión de isquiotibiales”. Requiere valorar el tipo de lesión, el momento evolutivo, los tratamientos previos y las características del paciente.
¿Cuál continúa siendo el tratamiento fundamental?
La rehabilitación continúa siendo la base del tratamiento en la mayoría de estas lesiones.
Según el caso, el programa puede incluir fortalecimiento progresivo, ejercicios excéntricos, trabajo en posiciones de mayor longitud muscular, control lumbopélvico, progresión de la carrera y reintroducción gradual de las demandas específicas del deporte.¹
El proceso tampoco consiste simplemente en suspender la actividad hasta que desaparezca todo dolor. En un ensayo clínico aleatorizado, trabajar dentro de un umbral controlado de dolor no acortó el tiempo de retorno al deporte, aunque se observaron algunas diferencias favorables en fuerza y arquitectura muscular.⁹
La progresión, por tanto, debe ajustarse a la lesión, la respuesta al ejercicio y los objetivos funcionales de cada paciente.
Tampoco hay evidencia clínica suficiente para sostener que una infusión intravenosa de MSC se dirija de manera específica al isquiotibial lesionado o acelere su recuperación.
Las MSC tienen propiedades inmunomoduladoras y paracrinas que se estudian activamente, pero esos mecanismos experimentales no permiten asumir por sí solos un beneficio localizado después de la administración intravenosa.
En consecuencia, afirmar que una infusión intravenosa “encuentra” la lesión, regenera el músculo o reduce específicamente la inflamación del isquiotibial iría más allá de lo que la evidencia clínica permite sostener hoy.
La seguridad depende de varios factores: el origen y las características del producto celular, su procesamiento, la dosis, la vía de administración y las condiciones clínicas de la persona que lo recibe.
Los datos de seguridad obtenidos con un producto o protocolo concreto no deberían generalizarse a todas las preparaciones de MSC ni a indicaciones diferentes.
Entre los eventos que deben considerarse están las reacciones relacionadas con la administración, las complicaciones locales, la infección o contaminación del producto y las respuestas inflamatorias o inmunológicas. Además, para varias intervenciones celulares sigue siendo limitada la información de seguimiento a largo plazo.¹⁰
La International Society for Stem Cell Research (ISSCR) diferencia las intervenciones que aún están en investigación de aquellas cuya seguridad y eficacia han sido establecidas mediante un proceso formal de desarrollo clínico.
Sus guías señalan que las nuevas intervenciones celulares deben evaluarse en estudios clínicos adecuadamente diseñados y dentro del marco regulatorio correspondiente antes de incorporarse como atención clínica estándar.¹¹
La guía de la ISSCR dirigida a pacientes insiste en otro punto relevante: una explicación biológica convincente o los testimonios favorables no sustituyen la evidencia obtenida mediante investigación clínica controlada.¹²
Es una línea de investigación con interés, pero todavía quedan preguntas importantes por resolver.
Actualmente se estudia cómo las MSC y otros productos biológicos pueden intervenir en procesos como la inflamación, la fibrosis y la reparación del músculo.
El reto está en demostrar que esos efectos observados en modelos experimentales se traducen en beneficios relevantes para pacientes concretos, con una magnitud suficiente y un perfil de seguridad aceptable.
Para las lesiones de isquiotibiales, la evidencia clínica disponible hasta 2026 todavía no permite considerar las MSC un tratamiento de eficacia establecida. En cambio, la rehabilitación progresiva cuenta con un respaldo clínico mucho más sólido.¹˒⁵˒⁶
Las MSC siguen siendo un campo razonable de investigación. Para definir su papel harán falta ensayos clínicos con productos bien caracterizados, protocolos reproducibles, grupos comparadores apropiados y seguimiento suficiente.
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Conclusión
Las MSC tienen propiedades biológicas que justifican su estudio en medicina regenerativa y en distintas lesiones musculoesqueléticas. En las lesiones de isquiotibiales, sin embargo, la investigación clínica sigue siendo insuficiente para establecer un beneficio terapéutico claro.
La posibilidad biológica de favorecer la reparación y la demostración de un beneficio clínico son cuestiones diferentes.
A día de hoy no hay evidencia clínica de alta calidad que permita asegurar que las MSC regeneren el músculo lesionado, acorten el tiempo de retorno al deporte o disminuyan el riesgo de una nueva lesión de isquiotibiales.
Si se plantea una intervención regenerativa, la decisión debería partir de una valoración médica individualizada y de una conversación clara sobre las alternativas disponibles, los posibles riesgos, las incertidumbres y la calidad de la evidencia. En este momento, la rehabilitación continúa siendo el punto de referencia del manejo.
Nota informativa: Este contenido es educativo y no reemplaza una valoración médica. La elección de un tratamiento debe hacerse de forma individual, teniendo en cuenta el diagnóstico, las alternativas disponibles, los riesgos, los posibles beneficios, la calidad de la evidencia y la regulación aplicable. |
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Referencias
References verified in PubMed and official institutional sources. DOI/PMID is included when available, together with an access link to facilitate consultation.
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2. Hollabaugh WL, Sin A, Walden RL, Weaver JS, Porras LP, LeClere LE, et al. Outcomes of activity-related lower extremity muscle tears after application of the British Athletics Muscle Injury Classification: a systematic review. Sports Health. 2024;16(5):783-796. doi:10.1177/19417381231195529. PMID:37681683. Available from: PubMed
3. Laumonier T, Menetrey J. Muscle injuries and strategies for improving their repair. J Exp Orthop. 2016;3(1):15. doi:10.1186/s40634-016-0051-7. PMID:27447481. Available from: PubMed
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8. Liu M, Zhai H, Wang R, Wang J, Xiong Y, Peng Y. Effect of platelet-rich plasma injection in hamstring injury: a systematic review and meta-analysis. J Sport Rehabil. 2026;35(2):98-105. doi:10.1123/jsr.2024-0278. PMID:40615116. Published online 2025 Jul 23; print issue 2026. Erratum: J Sport Rehabil. 2026;35(2):164. doi:10.1123/jsr.2025-0264. Available from: PubMed